(Rocío que cae del cielo)

Día de la Mujer

Se une a la celebración del Día de la Mujer y quiere abonar a esta celebración, la reflexión que hemos compartido en días anteriores y además, el presente trabajo que fue publicado en una revista italiana.
 Estamos muy agradecidos con todas las mujeres que acompañan con valentía y entusiasmo, los trabajos agroecológicos.

Asesinada la activista que luchaba por los derechos de los indígenas en Honduras

La noche entre el 2 y 3 de marzo de 2016 fue asesinada la activista Berta Cáceres, que desde hace muchos años luchaba por defender los derechos de los pueblos indígenas de Honduras y que en el año 2015 había recibido el prestigioso Premio Ecológico Goldman, considerado por muchos como el Nobel del Medio Ambiente. Según la policía, la mujer habría sido asesinada por dos o más hombres armados en medio de un intento por secuestrarla, mientras ella regresaba a su casa de La Esperanza, en el poniente del país centroamericano. Según otros testimonios, en cambio, la activista habría sido ultimada en su mismo lecho, mientras dormía. En la agresión resultó también herido su hermano. No obstante que la policía insistió desde el principio en la teoría de un secuestro que resultó mal, Berta Flores, la madre de la activista, de ochenta años, ha relacionado el homicidio con el activismo desarrollado por su hija, que desde hacía años estaba empeñada en oponerse a la construcción de una presa y contra la explotación de los territorios indígenas. “No tengo duda alguna de que mi hija fue asesinada a causa de su lucha y que los soldados y las personas de la presa son los responsables”, ha declarado Berta Flores a los micrófonos de una estación de radio. “Estoy más que segura. Hago responsable al gobierno”.

Berta Cáceres, que el 4 de marzo pasado habría cumplido años, pertenecía al pueblo Lenka, el grupo indígena más numeroso de Honduras, y había fundado junto con su entonces marido Salvador Zúñiga, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (COPINH), una asociación dedicada a la defensa del medio ambiente y, en particular, de los ríos, que la tradición lenka considera sagrados, animados por fuerzas espirituales.

Berta había guiado con carisma y determinación la comunidad de Río Blanco en la lucha contra la realización del ambicioso complejo hidroeléctrico Agua Zarca, en la cuenca del río Gualcarque, en la zona noroccidental de Honduras. El proyecto, que habría destruido los equilibrios naturales de la región y comprometido gravemente el aprovisionamiento hídrico de cerca de 600 familias, fue aprobado por el gobierno hondureño sin solicitar la opinión y el consenso de los pueblos indígenas de la región, en abierta violación a los principios establecidos en el Convenio 169 de la OIT, que desde 1989 reconoce a los pueblos indios el derecho a la autodeterminación, convenio que fue firmado y ratificado en su momento por Honduras.

La mujer y su familia habían sufrido en muchas ocasiones amenazas e intimidaciones, sea de parte de las autoridades como de los propietarios locales de tierras. En los últimos años, 10 miembros del COPINH han sido víctimas de homicidios que permanecen impunes hasta el momento; por evitar el riesgo de un secuestro, Cáceres se vio constreñida a separarse de sus cuatro hijos, mandándolos a vivir a la Argentina. No obstante esto, nunca dejó de luchar por la causa indígena, difundiéndola incluso fuera de los territorios hondureños, de frente a la Corte Europea de Estrasburgo, ante la Banca Mundial y, apenas unos meses antes de su muerte, ante El Vaticano.

“Debemos llevar adelante esta lucha en todas partes del mundo, donde estemos, porque no tenemos otro planeta que pueda reemplazar o sustituir el que ahora tenemos”, le había dicho Berta al periódico El Guardián después de haber recibido el premio Goldman, “solamente tenemos éste, y debemos reaccionar en consecuencia”. Palabras que, después de su muerte, suenan como un testamento espiritual. Una invitación a llevar adelante su misión, consciente de los riesgos de la lucha pero también de la importancia del objetivo: una sociedad más justa, más solidaria, capaz de garantizar los derechos de todas las personas y, sobre todo, de respetar a la naturaleza. Una tarea que, en Honduras, parece más difícil que en otros lugares. Según la organización no gubernamental Global Witness, en los últimos años el país centroamericano se ha convertido en el más peligroso del mundo para los activistas ambientales, con 101 homicidios registrados en el período 2010-2014. Se trata de delitos que permanecen aún impunes porque están avalados, de alguna manera, por quien debería impedirlos: el Estado. Una tendencia que la misma Cáceres había denunciado desde al año anterior a su muerte en una entrevista dada a la CNN: “El Estado hondureño está impulsando una política de criminalización. Esto puede constatarse en las leyes que están siendo aprobados. Han criminalizado el derecho humano de defender el bien común y el medio ambiente, dándole a las transnacionales el privilegio increíble de operar en Honduras con absoluta impunidad”.

El hecho de que Cáceres, siendo consciente del peligro que se cernía sobre ella, no se haya detenido en sus denuncias y no haya dejado nunca de acompañar la causa de su pueblo, es un verdadero ejemplo de coraje y de dignidad. Y nosotros queremos recordarla así, mientras recibe el Premio Goldman y, en su discurso de aceptación del premio, exhorta a la humanidad a despertar, a levantarse, porque no hay tiempo que perder. Adiós Berta, gracias por tu ejemplo de increíble coraje y lucha por la justicia. Has sido siempre una heroína sin miedo. Sabías el riesgo que corrías con tu trabajo, pero continuaste a defender tu tierra y tu gente con fuerza y convicción.

Escrito por Lisa V. y supervisión de la Hna. Donatella Nertempi, SMG (Sierva de María de Galeazza)

Traducción de Raúl Lugo

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