(Rocío que cae del cielo)

8 de marzo de 2018

Agroecología con rostro y corazón de mujer…

“Hazme más femenino,

más compasivo, más pacífico.

menos violento…”

Mahatma Gandhi

 

Mujer y agroecología

Desde hace ya varios años la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an viene hilvanando esta celebración, donde se reúne, en aparente binomio: la mujer y la agroecología. La verdad es que se trata de una misma realidad, ya que no existe agricultura sin la labor paciente y esmerada de las mujeres: toda mujer posee una inmensa capacidad de integración, que es una de las notas identitarias de la genuina agroecología. Por otro lado, la situación de la mujer en nuestro país y en el mundo es cada vez más difícil, y si se añade el hecho de que es mujer indígena y/o campesina, la situación se vuelve más complicada. Los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política  de Desarrollo Social (Coneval) del año 2016, señalan que 88 de cada 100 mujeres indígenas viven en pobreza en nuestro país.

2018…

Este año 2018 viene precedido de una fuerte oleada de emancipación femenina, y, vergonzosamente, de un machismo neoliberal imperante, que no ha hecho más que violentar y asesinar a un sin número de mujeres en toda América Latina y en el mundo. La lacerante realidad que viven las mujeres en este país y en el mundo entero, tiene un halo de muerte y persecución; tal parece que ser mujer hoy día es un peligro de muerte, como si estuviera condenada a desaparecer. Aquí mismo en Yucatán, el machismo –con rostro y apellido– ha asesinado a varias mujeres en centros comerciales y en comunidades rurales; ni siquiera la propuesta de una alerta de género ha logrado disminuir la persecución y la muerte. A decir de quienes acompañan esta observación, de 2008 a la fecha se han cometido en Yucatán alrededor de 69 asesinatos de mujeres, oficialmente solo se reconocen 16, de los cuales sólo 5 han sido sentenciados.

A pesar de tanta sangre femenina derramada en el mundo, hay brotes de esperanza… La segunda Marcha de las Mujeres en numerosas ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica desgarrando sus gargantas al unísono: “¡Nosotras somos la resistencia!”, y gritándoselo al mismísimo Trump. Y qué decir del Encuentro de las Mujeres luchadoras convocado por las comunidades zapatistas. Hasta el mismo Papa Francisco ha elevado su voz y sus plegarias para que el mundo, la sociedad y las iglesias en particular, podamos reconocer y valorar el aporte fundamental de las mujeres.

La jornada misma

Invitamos a todos los grupos de campesinas y campesinos, vinculados o no con la escuela, a reunirnos en torno al 8 de marzo para detenernos un ratito y platicar sobre lo que está sucediendo con las mujeres. Proponemos 2 sencillas reuniones o bien, una reunión con dos momentos:

  1. Conversar sobre lo que está pasando con las mujeres en el mundo, en México y en Yucatán. Llevar algún recorte de periódico donde se muestre algún tipo de violencia contra la mujer. Después de platicar ¿por qué sucede? y ¿por qué a la mujer?, se lee el texto de Vandana Shiva que proponemos a continuación, para concluir con un compromiso que manifieste la postura u opinión del grupo.

“Si las mujeres pasaron a ser muy importantes para el futuro del planeta y de la propia humanidad es porque, con el crecimiento de la economía, las mujeres fueron destinadas a cuidar a los hijos, a cuidar a sus madres enfermas, a cuidar las necesidades  sociales; es decir que las mujeres fueron destinadas a cuidar la subsistencia. ¿Cuál es el desafío hoy? ¿Cómo sostener el Planeta, cómo sostener sociedades? Es esta experiencia de la subsistencia la que ha sobrevivido en las mujeres. Este es el rol que las mujeres deben jugar: propagar esa habilidad por compartir y cuidar. El sistema económico actual patriarcal está basado en el descuido y la violencia. Eso es lo que ha creado devastación ambiental del planeta, la pobreza. Por lo tanto, cuando tenemos que pasar del cuidado al compartir, del cuidado al amor, las mujeres se convierten en maestras. Yo defino el ecofeminismo metafóricamente como el correr cortinas. Una ventana tiene cortinas que no permiten que traspase la luz. Si abrimos las ventanas, podemos ver la luz del sol. Es decir, correr las cortinas del sistema capitalista patriarcal.  Por esas cortinas del sistema capitalista patriarcal, años atrás se definió que las mujeres eran el segundo sexo. Crearon un sistema económico donde las mujeres no trabajaban y un sistema de conocimiento que decía que las mujeres no tenían cerebro ni creatividad. Cortinas es negar la naturaleza y la creatividad de las mujeres. Al correrlas, uno se da cuenta que las mujeres son la mayor creación que sostiene el planeta, que las mujeres también tienen una fuerza creativa que es enorme. El mismo Gandhi decía: ‘Hazme más mujer. Para él, ‘ser más mujer’ era ser más compasivo. La compasión es algo que se cultiva culturalmente, no que se determina genéticamente. El ecofeminismo es celebrar la vida, es asegurar que cada persona tenga confianza de que tiene un lugar en el planeta”.

(Publicado el 8 de junio de 2016 entrevista en la Argentina por Taís Gadea Lara)

  1. Lectura de 3 o 4 breves textos de (+) Eduardo Galeano, que han sido seleccionados de varios libros suyos. Quizá se pueda hacer por grupos, dependiendo del número de participantes, y luego se hace un plenario donde todas y todos comparten sus sentimientos. A manera de sugerencia se puede terminar haciendo un sencillo altar a la Madre Tierra y ahí ir depositando nuestros sentimientos y nuestras rabias, así como nuestras esperanzas y compromisos. Podríamos responder a dos preguntas: 1. ¿Qué enseñanza nos deja esta historia? 2. ¿A qué compromiso nos llevan estas historias? Podemos también compartir la experiencia de alguna de nuestras vecinas y/o conocidas que sean un ejemplo de lucha y resiliencia en estos tiempos que corren.

 

Desde luego que es importante que estemos dispuestos/as a leer e investigar más de las historias de feminicidio y de las compañeras luchonas que nos describe Eduardo Galeano.

Textos de Eduardo Galeano

  1. Día de los pueblos indígenas (Del libro Los hijos de los días)

“Rigoberta Menchú nació en Guatemala, cuatro siglos y medio después de la conquista de Pedro de Alvarado… en 1982, cuando el ejército arrasó las montañas mayas, casi toda la familia de Rigoberta fue exterminada, y fue borrada del mapa la aldea donde su ombligo había sido enterrado para que echara raíz. Diez años después, ella recibió el Premio Nobel de la Paz. Y declaró: “Recibo este premio como un homenaje al pueblo maya, aunque con 500 años de demora”.

Los mayas son gente de paciencia. Han sobrevivido a cinco siglos de carnicerías. Ellos saben que el tiempo, como la araña, teje despacio”.

  1. Las libertadoras brasileñas (Del libro Los hijos de los días)

“Hoy, 3 de marzo, culminó, en 1770, el reinado de Teresa de Benguela en Quariteré. Éste había sido uno de los santuarios de libertad de los esclavos fugitivos en Brasil. Durante veinte años, Teresa había enloquecido a los soldados del gobernador de Mato Grosso. No pudieron atraparla viva.

En los escondites de la floresta, hubo unas cuantas mujeres que, además de cocinar y parir, fueron capaces de combatir y mandar, como Zecimba Gambá en Espíritu Santo, Mariana Crioula en el interior de Río de Janeiro, Zeferina en Bahía y Felipa María Aranha en Tocantins.

En Pará, a orillas del río Trombetas, no había quien discutiera las órdenes de la Mae Domingas. En el vasto refugio de Palmares, en Alagoas, la princesa africana Aqualtune gobernó una aldea libre, hasta que fue incendiada por las tropas coloniales en 1677.

Todavía existe, en Pernambuco, la comunidad que en 1802 fundaron dos negras fugitivas, las hermanas Francisca y Mandecha Ferreira.

Cuando las tropas esclavistas andaban cerca, las esclavas liberadas llenaban de semillas sus frondosas cabelleras africanas. Como en otros lugares de las Américas, convertían sus cabezas en graneros, por si había que salir huyendo a la disparada”.

  1. Liberadoras mexicanas (Del libro Los hijos de los días)

“Y se acabó la fiesta del Centenario, y toda esa fulgurante basura fue barrida.

Y estalló la revolución. La historia recuerda a los jefes revolucionarios, Zapata, Villa y otros machos machos. Las mujeres, que en silencio vivieron, al olvido se fueron. Algunas pocas guerreras se negaron a ser borradas:

Juana Ramona, la Tigresa, que tomó varias ciudades por asalto; Carmen Valdez, la Generala, que dirigió a trescientos hombres; Ángela Jiménez, maestra en dinamitas, que decía ser Ángel Jiménez; Encarnación Mares, que se cortó las trenzas y llegó a subteniente escondiéndose bajo el ala del sombrerote, para que no se me vea la mujer en los ojos; Amelia Robles, que tuvo que ser Amelio, y llegó a Coronel; Petra Ruiz, que tuvo que ser Pedro, la que más balas echó para subir a las puertas de la ciudad de México; Rosa Bobadilla, hembra que se negó a ser hombre, y con su nombre peleó más de cien batallas; y María Quinteras, que había pactado con el diablo y ni una sola batalla perdió. Los hombres obedecían sus órdenes. Entre ellos, su marido”.

  1. Cinco mujeres (Del Libro Memorias de fuego)

“1978. La Paz, Bolivia.

-El enemigo principal. ¿cuáles? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.

Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste: -Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura. El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.

Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar”.

  1. Libertadoras mayas (Del libro Los hijos de los días)

“En esta noche del 26 de marzo de 1936, fue muerta a pedradas Felipa Poot, indígena maya, en el pueblo de Kinchil.

En la apedreada, cayeron con ella tres compañeras, también mayas, que a su lado luchaban contra la tristeza y el miedo.

Las mató la casta divina, como se llaman a sí mismos los dueños de la tierra y de la gente de Yucatán”.

  1. Pájaros prohibidos (Del libro Memorias de fuego)

“Los presos políticos uruguayos no pudieron hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Disdaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas: -¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?

La niña lo hace callar:

-Sshhh

Y en secreto le explica:

-Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas”.

 

UYK

Febrero de 2018

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