(Rocío que cae del cielo)

U Yits Ka’an en las Naciones Unidas. Artículo de Viviana García Blanco.

 

From April 16 to 27, the United Nations’ Permanent Forum on Indigenous Issues was officially in se

ssion. This year’s theme focused on indigenous people’s collective rights to lands, territories and resources.

This year, the Dominican Leadership Conference hosted four guests from Mexico who participated in the forum: a Mayan priest from Yucatán who is a human rights defen

der of cultural identity and promoter of responsible agriculture practices that have their foundations in the Mayan worldview; an interpreter who works with our Dominican family in California and Mexico; a Dominican sister from Chiapas, Mexico, who provides health services to the Mayan community of San Andres; and a graduate student from Chiapas, fulfilling her master’s degree in natural resources and rural development.

They stayed a week at one of our Dominican retreat centers in Manhattan, attending various events and participating in the forum. The Mayan priest presented at an event relating to spirituality and land stewardship. He explained the deep connection indigenous people in Mexico have to the land and all of creation, a belief that stems from the idea that we are all reflections of God and how in ta

king care of another living thing, we in turn are taking care of ourselves. In essence, we are bonded to one another.

The second half of his presentation focused on the cruel realities indigenous people are faced with when it comes to human rights violations and land exploitation. As echoed throughout the forum, on a daily basis, indigenous people face discrimination; violence; lack of collective rights to own and control historic land and resources; denial and/or lack of access to legal resources; and lack of political representation and participation. It was a powerful presentation, and it opened the eyes of many who were unaware of the systemic oppression and state violence against the native peoples in Mexico.

In the week they stayed here, I learned as much about them as I did about myself. As they shared with me stories about the work they did, the different cultures and subcultures within Mexico I had no idea existed, and the rich history of the Mayan and the Chiapas indigenous, I felt this deep divide between the visitors and myself.

It has been years since I last visited Mexico. When I heard them speak about Mexico in such a beautiful and uplifting way, I couldn’t help but feel somewhat like an outsider regarding my own people and the motherland of my family. This feeling is all too common among first-generation Mexican-Americans.

There is this popular expression: “Too Mexican for Americans, too American for Mexicans.” That’s how I have always felt, but until recently, it has never been something that has bothered me. When the visitors came, I realized I had been longing for this deeper connection to my roots, to my family’s homeland, to this greater sense of self and community.

The visitors from Mexico did more than just change the way I view Mexico; they awoke in me this spiritual longing for a culture I have never known but has been inside me all along. This culture, deeply embedded in roots stemming from my native ancestors, is something I seek as much as it seeks me.

I formed a strong bond to our guests from Mexico. To me, each one of them was a piece of home I had been longing for. The way they viewed the world, the way they loved so openly and freely was beautiful and unlike anything I had experienced before. Their hospitality, their kindness, their openness was unmatched, and it was something I had missed while I’ve been living out here in New York. They inspired me to reflect on the kind of work I want to do after my volunteer year is over, on the kind of impact I want to make in the lives of others.

Connecting with another person and changing his or her life in a positive and empowering way is as close to God as I can hope to achieve on this earth. I have to trust that this calling within myself to connect to my roots will lead me to this path.

[Viviana Garcia-Blanco is a Dominican Volunteer serving as an advocacy associate for the Dominican Leadership Conference nongovernmental organization at the United Nations.]

Tradución:

Los defensores mexicanos de los indígenas inspiran en la ONU

Del 16 al 27 de abril, el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas estuvo oficialmente en sesión. El tema de este año se centró en los derechos colectivos de los pueblos indígenas sobre tierras, territorios y recursos.

Este año, la Conferencia de Liderazgo dominico recibió a cuatro invitados de México que participaron en el foro: un sacerdote maya de Yucatán que es un defensor de los derechos humanos, de la identidad cultural y promotor de prácticas agrícolas responsables que tienen sus fundamentos en la cosmovisión maya; una intérprete que trabaja con nuestra familia dominica en California y México; una hermana dominica de Chiapas, México, que brinda servicios de salud a la comunidad maya de San Andrés Larrainzar; y una estudiante de posgrado de Chiapas, que completa su maestría en recursos naturales y desarrollo rural.

Se quedaron una semana en uno de nuestros centros dominicos de retiros en Manhattan, asistieron a varios eventos y participaron en el foro. El sacerdote maya se presentó en un evento relacionado con la espiritualidad y la custodia del territorio. Explicó la profunda conexión que los indígenas en México tienen con la tierra y toda la creación, una creencia que surge de la idea de que todos somos reflejo de Dios y de que al cuidar a otro ser vivo, a su vez nos cuidamos a nosotros mismos. En esencia, estamos unidos el uno al otro.

Tilo, un sacerdote maya de Yucatán, México, se presenta en un evento paralelo de espiritualidad y custodia del territorio en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas (Viviana García-Blanco)

La segunda mitad de su presentación se centró en las crueles realidades a las que se enfrentan los pueblos indígenas cuando se trata de violaciones de derechos humanos y explotación de la tierra. Como se hizo eco en todo el foro, a diario, los pueblos indígenas se enfrentan a la discriminación; violencia; falta de derechos colectivos para poseer y controlar tierras y recursos históricos; negación y/o falta de acceso a recursos legales; y falta de representación y participación política. Fue una presentación poderosa y abrió los ojos de muchos que desconocían la opresión sistémica y la violencia estatal contra los pueblos originarios de México.

Tilo, un sacerdote maya de Yucatán, México, se presenta en un evento paralelo de espiritualidad y custodia de tierras en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas (Viviana García-Blanco)

En la semana que estuvieron aquí, aprendí tanto sobre ellos como sobre mí. Mientras compartían conmigo historias sobre el trabajo que hicieron, las diferentes culturas y subculturas dentro de México que no tenía idea existían, y la rica historia de los indígenas Mayas y Chiapas, sentí esta profunda división entre los visitantes y yo.

Han pasado años desde la última vez que visité México. Cuando los escuché hablar sobre México de una manera tan hermosa y edificante, no pude evitar sentirme como un extraño con respecto a mi propia gente y la madre patria de mi familia. Este sentimiento es muy común entre los mexicano-estadounidenses de primera generación.

Existe esta expresión popular: “Demasiado mexicano para los estadounidenses, demasiado estadounidense para los mexicanos”. Así es como siempre he sentido, pero hasta hace poco, nunca había sido algo que me molestara. Cuando llegaron los visitantes, me di cuenta de que había estado anhelando esta conexión más profunda con mis raíces, con la patria de mi familia, con este gran sentido de mí y mi comunidad.

Los visitantes de México hicieron algo más que cambiar la forma en que veo México; despertaron en mí este anhelo espiritual de una cultura que nunca he conocido pero que ha estado dentro de mí todo el tiempo. Esta cultura, profundamente arraigada en raíces que provienen de mis antepasados ​​nativos, es algo que busco tanto como me busca.

Forcé un fuerte vínculo con nuestros invitados de México. Para mí, cada uno de ellos era un pedazo de hogar que había estado esperando. La forma en que veían el mundo, la forma en que amaban tan abierta y libremente era hermosa y diferente a todo lo que había experimentado antes. Su hospitalidad, su amabilidad, su apertura no tenían rival, y era algo que me había perdido mientras vivía aquí en Nueva York. Me inspiraron a reflexionar sobre el tipo de trabajo que quiero hacer después de que termine mi año de voluntariado, sobre el tipo de impacto que deseo hacer en la vida de los demás.

Conectarme con otra persona y cambiar su vida de una manera positiva y empoderadora es lo más cercano a Dios que puedo lograr en esta tierra. Tengo que confiar en que este llamado dentro de mí para conectarme con mis raíces me llevará a este camino.

[Viviana García-Blanco es una Voluntaria Dominica que sirve como asociada de defensa para la organización no gubernamental de la Conferencia de Liderazgo Dominicano en las Naciones Unidas.]

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